Una mirada reflexiva sobre celebraciones de paso de Adolescentes en la escuela secundaria
Autora: Lic. Susana Ávila Karam | M.P. 032
Hace ya unos años que, al inicio del año escolar, sobrevienen momentos de celebraciones juveniles, que podría decirse; toman estatuto de “rito”. Poniendo en escena ciertas prácticas que año a año, van consolidando una forma de festejar ese tiempo de culminación de una etapa: “la secu”. Es un tiempo de paso, porque marca una transición hacia algo que aún no se conoce, pero del que en general, poco se quiere pensar. Es el aquí y ahora, lo que prima. Es celebrar cada minuto de estar con su manada. Disfrutar, celebrar, en lo posible desde el primer minuto y si se puede desde antes; pasando la noche anterior sin dormir. Ahí es donde se sitúa el UPD. Es pasar la noche juntos entre risas, antes de asistir al primer día de clase. Es una celebración que puja por cruzar los limites, porque si hay algo que la caracteriza son los excesos en la bebida y a veces hasta en el consumo de otra sustancia. El UPD – Último Primer Día – que también me remite a Un Poco de Desenfreno, puja por cruzar los límites. Si bien no es una práctica que esté reconocida por las escuelas formalmente aún, se produce por fuera de ellas, sin embargo, llega hasta la vereda del frente. Lo cierto es que es una celebración en la que la participación y/o acompañamiento de los adultos en ocasiones, suele ser escasa. En el UPD, los estudiantes hacen gala de sus dotes organizativas, buscando el lugar, eligiendo que consumir y estableciendo consignas de vestimentas que vienen a consolidar esa necesidad de pertenecer, de estar y ser parte de algo. Porque “van a ir todos”, ¡¡“Ay papá!!, es así”, “No me lo quiero perder”. A este evento, le sobreviene el UVI, “últimas vacaciones de invierno”, el UDE “último día de los estudiantes” y el UUD “último último día”.
Estas celebraciones se constituyen en nuevos fenómenos sociales, que merecen que despabilemos, que prestemos atención y que esencialmente nos preguntemos como adultos, padres y/o referentes escolares; ¿Qué lugar queremos y podemos hacernos? Entre la indiferencia, la crítica moralista y la implicación; se abre una ventana de posibilidades para la familia y las escuelas, en la gestión de estos emergentes. Estas celebraciones van tomando ribetes singulares en cada entorno familiar y hacia el interior de las escuelas, siendo muy diverso el posicionamiento que se toma. Mas allá de las particularidades, es importante resaltar que nuestros jóvenes necesitan que estemos cerca. No para juzgar, criticar, demonizar o prohibir. Tal vez debemos buscar el modo de acercarnos, promoviendo una reflexión conjunta orientada al autocuidado. Es importante que, como adultos, podamos desnaturalizar el consumo. Es necesario de-construir el descontrol, como LA forma de celebrar. Es oportuno poner límites, porque esas son las formas de dar amor y cuidado. Entendiendo que una libertad sin límites sumerge a los adolescentes en la orfandad. Pero claro, poner límites es un trabajo complejo para el cual los adultos debemos estar preparados y requiere de un posicionamiento subjetivo consistente. Es bueno que las familias pregunten a sus hijos donde y con quienes van a estar; que supervisen y hagan presencia en la preparación de estas celebraciones y también, cuando sea necesario, digan NO.
Por otro lado, como psicopedagogo, resulta imperioso atender estos emergentes, que, aunque acontecen fuera, de la escuela tienen que ver con ella. Promoviendo espacios de reflexión continua y conjunta con relación al autocuidado. Para que juntos, (estudiantes – familia – escuela) encuentren modos de sumarse; para celebrar por todo lo bueno que este año de culminación les traerá a todos. Los jóvenes, no deben quedarse solos.









